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Tengo 18 años. Vivo en Esparreguera con mis padres y mi hermana Alba (9). Soy viajero desde los 15 años: Europa, Asia, Sudamérica… Soy anarquista utópico. Creo tanto en Dios como en un hipopótamo lila. Me gusta el manga, los disfraces otaku, leer, los videojuegos…

– ¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?

– Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

– Y fueron a saco.

– Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

– ¿No te importa la silla de ruedas?

– Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

– ¿No?

– Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica…

– ¿Con quién viajas?

– Me gusta viajar solo.

– ¿En silla de ruedas… ¡y solo!?

– La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.

– ¿Desde cuándo viajas así?

– A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

– ¿Y qué dicen hoy tus padres?

– Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.

– ¿Eres feliz, pues?

– Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

– ¿Con qué dinero viajas?

– Con tres euros al día.

– No es posible.

– Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

– Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?

– ¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

– Dicho así, sí parece fácil.

– Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

– ¿Qué buscas en tus viajes?

– Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

– ¿Y qué opinan tus amigos de aquí?

– Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

– ¿No te da miedo viajar solo?

– ¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

– Pueden robarte…

– Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

– …puedes sufrir un accidente, morir…

– Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

– ¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?

– Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

– ¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?

– Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

– Hombre…

– Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

– ¿Qué llevas en tu mochila?

– Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

– Dime lugares en que hayas dormido.

Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…

– ¿Cuál ha sido el mejor momento?

Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

– ¿Y tu momento más peligroso?

He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por los pelos.

– ¿Qué planes tienes ahora?

– Recorrer toda el África oriental hasta llegar a Madagascar.

– ¿Nada te frena?

– Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

– ¿Y no piensas estudiar, trabajar…?

– No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?

Entrevista extraída del periódico La Vanguardia

http://www.falsarealidad.com/2009/03/19/%c2%a1que-sencillo-es-el-mundo/

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